Para contar un sueño hay que alargar el relato
Acá va lo que te anunciaba en twitter, te tengo un escrito largo, un audio onírico y un audiovisual que compartirte.
Querido Otto, de una forma u otra estos meses de cuarentena de maneras extrañas y brutales has estado más cerca que en otras temporadas. Agradezco tu cabeza y cora y todo lo que elucubra y siente, que bella sinapsis entre tu mente de alto vuelo y el cuerpo de aguante, que eres capaz con una claridad impresionante de describir y lanzar criaturas nuevas siempre en arte y reflexiones como acto de amor.
Ayer que me ha llegado tu mensaje sobre el diario de sueños, de pronto una avalancha de ideas y conexiones extrañas se empezaron a dar, vaya fenómeno ese de saber detenerse para gozar las causalidades. Tengo que contarte un par de cosas antes de contarte el sueño. Entre ellas que me he leído tus textos del blog ahora en este episodio tan loco de pandemia. Me siento muy cerca de ti cuando te leo, parece que puedo voltear a un lado y encontrarte para lanzarte algún comentario, alguna duda, pero lo hago de esta forma a manera de carta, porque me cuesta de pronto hilar todas las señales, todas las causalidades que encuentro en tus textos, en mis sueños y en la vida de vigilia. Le tengo mucho cariño a las relaciones epistolares, y comenzar una contigo de esta manera me parece lo más acertado.
El momento justo en que recibí tu mensaje, estaba viendo esto:
Alain Badiou se embarca en la empresa de contarnos su filosofía del amor. Me he quedado con un destello de lo que seguramente trataba de explicar, pero acompáñame a esta suerte de conclusión de su filosofía: es posible que el amor sea una fuerza vital, una fuerza motriz que ha sido creada por la experiencia revolucionaria de compartirnos, del encuentro, de saber que de uno pueden ser dos.
Con esto te quiero decir que agradezco esta revolución que has iniciado con tu manera de ver el mundo y de pronto ser parte de ella es todo un privilegio, querido.
Ahora sí, llamemos a todo lo anterior un prólogo a tanto que quiero contarte.
Es ahora que por primera vez me entrego a la docencia con los talleres de cine que hubo un cambio curioso en mi manera de pensar el mundo, de pronto me cacho oyendo, leyendo, viendo, escribiéndoles a mis alumnos sobre obras con las que quiero que tengan un encuentro. Entre estas tantas obras volví a un artista visual, documentalista de la nueva ola de cine gallego, Lois Patiño, este hombre trabaja el cine en reacción a la naturaleza, a lo extático y estático. Entre sus muchas maravillas existe Fjar:
Así lo describe Patiño;
Fajr' tiene un doble significado en árabe: significa amanecer, y también el 'adhan', llamado a rezar, que suena justo antes del amanecer desde las mezquitas. Estas canciones estallan 5 veces al día en las poblaciones musulmanas. Las palabras aparecen volando sobre la kasbah, los palmerales, las dunas ... Como un recordatorio de que, más allá de la vida cotidiana, convive una espiritual. Cuando llega la voz de la canción, el ritmo normal de la vida toma otra densidad, entramos en una forma diferente de experimentar el tiempo. Definitivamente más introspectivo, un tiempo interior, y por lo tanto más abierto y profundo. La canción representa una interrupción, un paréntesis, y una vez completada, se restablece el ritmo normal.
El desierto, mítico espacio de retiro espiritual, ha invitado con sus formas vacías y el tiempo suspendido, a multitud de ermitaños y profetas a la soledad. "Deberías ir al desierto 40 días y adelgazar", dijo Nietzsche. El desierto se transforma, en reacción a su amplitud, de la condensación en uno mismo. El espacio abierto a tu alrededor, sin estímulos visuales concretos a los que aferrarte, Borges habló sobre el vértigo horizontal que sintió en el desierto, te lleva a sumergirte en ti mismo. Una concentración meditativa que puede conducir a un ermitaño, en última instancia, a un estado de éxtasis espiritual, una despersonalización: salir de uno mismo y diluirse en el todo.
Ya de por sí cuando alguien te cita Nietzsche sabes que se va a poner denso el asunto, pero mi cabeza no dejaba de preguntarse lo del “vértigo horizontal”. Jamás había escuchado el término y viniendo de Borges me preguntaba que había querido decir aquella mente de alto vuelo. Encontré esta entrevista http://arquitectamoslocos.blogspot.com/2010/08/vertigo-horizontal.html donde habla sobre su experiencia en el museo Guggenheim y vaya lección de perspectiva que me dio.
Una cosa me llevo otra y luego a una de las figuras más recurridas en su obra; el laberinto. Me parece que me dan vértigo, me los imagino con pendientes, muros, ramas. Los hay otros que me remiten a cambios de espacios como si pudieras abrir puertas y llegar a otro lugar en otro tiempo.
Hay otro cuento de Borges que se titula “El inmortal” donde al parecer se menciona de nuevo este vértigo, pero ahora en el desierto. Geografía que filma Patiño de una manera sublime para llevarnos a ese primer laberinto, el desierto, un espacio donde recorrer los lugares por donde alguna vez había ocurrido algo, según Ducmelic -pintor que siguió de cerca la obra de Borges y con quien trató de entablar una relación epistolar, al final las esposas de cada un fueron quienes sacaron a la luz la comunicación que existió entre ellos -. Borges, cuentan, asistió a una exposición basada en sus textos, los títulos de las pinturas de Ducmelic eran extractos de sus obras, especialmente de “El inmortal”. Te dejo dos de los laberintos que se impactaron en mis ojos y luego en la memoria.
La idea de laberinto está en el centro de la obra y se encuentra íntimamente ligada al juego de espejos. Las ideas de muerte e inmortalidad se reflejan una sobre otra. El miedo de ser conducido de patio en patio infinitamente, se justifica en las repeticiones ociosas que lo identifican con el universo.
“No recuerdo las etapas de mi regreso, entre los polvorientos y húmedos hipogeos. Únicamente sé que no me abandonaba el miedo de que, al salir del último laberinto, me rodeara otra vez la nefanda Ciudad de los Inmortales.”
- Borges
*Te adjunto el cuento del Inmortal, una chulada.
Leí entonces sobre las reflexiones acerca de los laberintos y hubo una que me voló la tapa de los sesos. La arquitectura generalmente se avoca a un objetivo, puede ser funcional o estético. Pero que cosa tan rara los laberintos, que están diseñados para que cuando alguien entre se pierda. Ya lo dijo Badiou en el video sobre su filosofía del amor… “lo verdadero generalmente es raro y difícil”.
Otro genio de los laberintos era Xul Solar, compa de Borges y de Bioy y de toda la pandilla del Gran Sur.
Quien además de laberintos se dedicó a las cartas astrológicas, conocía varias lenguas y en algún momento se propuso la idea de la panlengua, una lengua total que en el transcurso de 7 años pulió para desarrollar un pan juego, el pan-ajedrez, 30 piezas frente al tablero, que ingresan cuando él lo decide, cada contrincante puede componer palabras en la pan-lingua, combinar colores como en un cuadro, escribir un poema, crear acordes musicales, resolver ecuaciones matemáticas o jugar su destino,” con sólo mover las piezas de acuerdo a su horóscopo”.
Leopoldo Marechal escribió sobre el juego y sobre el artista:
A mi entender, Xul Solar y Macedonio Fernández, unidos ambos en una misma empresa intelectual, que se cumplió en un mismo espacio (Buenos Aires) y en un mismo tiempo (el de la revolución martinfierrista) no han sido tratados aún en su aleccionadora profundidad, sino en las vistosas exterioridades que sin duda presentaban el uno y el otro y que se reducen al frívolo terreno de las anécdotas. En el caso de Xul aún se ignora que su signo (o sansigno, como decía él en su idioma neocriollo) fue el de una demiurgia constante o el de un ‘Fuego creador’ que lo encendía sin tregua y a cuyo mantenimiento consagró todos los combustibles de su alma. Lanzar al mundo criaturas nuevas, ya se tratase de un idioma o un juego, era un ‘acto de amor’ que realizaba él para los hombres, a fin de que se comunicaran en la universalidad de un lenguaje o en el field recreativo de un tablero de ajedrez. En tal sentido, Xul Solar tuvo el impulso caritativo de aquel ‘buen ladrón’ que fue Prometeo.
El panjuego, etimológicamente significa el juego total, o el juego por esencia y excelencia. Muchas veces, al oír las explicaciones que nos daba Xul en su tentativa de enseñarnos las reglas de aquel juego increíble, me preguntaba yo qué metafísica razón lo había lanzado a su empresa lúdica. Y tuve una respuesta cuando, en el Manava Dharma Sastra leí lo siguiente: ‘ Los períodos de los Manu son innumerables, así como las creaciones y destrucciones del mundo; y el Ser Supremo las renueva como jugando’. Como jugando: vale decir que la Creación Divina es un juego, y que Xul, al crear el suyo, habría imitado al artífice divino, como buen demiurgo que fue.
Pero esta primera conclusión mía reclamaba otra: en ese juego de la existencia universal entramos todos como ‘piezas’ en movimiento, y somos alfiles, peones, caballos o reyes. Cada pieza responde a su destino inalienable, como también lo dice el Manava Dharma Sastra: ‘El Ser Supremo asignó desde el principio, a cada criatura en particular, un nombre, actos, y una manera de vivir’. Y concluye más adelante: ‘Cuando el soberano maestro ha destinado a tal o cual ser animado a una ocupación cualquiera, este ser la desempeña por sí mismo todas las veces que vuelve al mundo’. El panjuego de Xul propone a todos, y amorosamente, su imagen o simulacro de la vida; y cada uno puede jugarlo, como en la vida, según sus propias y determinadas posibilidades: frente al tablero, el astrólogo moverá sus planetas, el matemático sus guarismos, el alquimista sus elementos y el jugador común la tabla cambiante de sus acciones y reacciones.
Recuerdo que una vez, refiriéndose a su invención, Xul Solar me dijo:
– Este juego tiene la ventaja de que ninguno pierde y todos ganan al fin. Y meditando en esa ‘felicidad’ y esa ‘facilidad’ que otorgó él a sus jugadores, me digo ahora y le digo al numen venerable de Xul:
– Si tu panjuego estuviera, como sospecho, en analogía con el jugar divino ¡qué bueno sería comprobar al fin que todos hemos ganado y ninguno perdido en este ajedrez existencial a que fuimos lanzados por el Celeste Jugador! [Visto en Cuadernos de Mr. Crusoe N° 1 (arte, ciencia, ideas) O’Donnell, Mezza y Asociados S.A. Editores, Buenos Aires, 1967 y publicado en la página Hocus Pocus].
Hasta aquí la introducción al sueño y es que tal cual lo decías en uno de tus texto; “Tiempo no dramático” como Tarkovsky o como Bergman se puede suspender el tiempo, alargar el tiempo, reconstruirlo.
Hay otras veces que para contar un sueño hay que alargar el relato.
Últimamente me motivo por obsesiones, me sumerjo en algo tanto tanto que suelo soñar por la noche con ello. Cabe mencionar que fumo hierba y de pronto la ganja te inhibe un poco ese poder. Me funciona porque tengo sueños muy vívidos y no descanso si desato todo mis poderes oníricos. Aunque con todo el encierro y la fijación por obsesiones, la cosa se ha puesto muy loca.
Mi cabeza se llena de imágenes en el transcurso del día, normalmente veo un par de películas y unos episodios de algunas series que estoy siguiendo. Mi universo de imágenes varía entre asesinas sensuales, trenes masivos que nunca se detienen y albergan a lo último de la humanidad en la siguiente edad de hielo, vampiros vaqueros, David Bowie, alienígenas, Brigitte Bardot, Fritz Lang, locos y villanos de la vida real.
Pero hay algo que obsesiona a mi cabeza y lo repite en mis sueños, aunque trate de ofrecerle otras imágenes, otros sonidos, otras palabras. Siempre se trata de encontrar resolución a algo, a un problema que surge de algo que me resuena en el subconsciente y en el estado de vigilia no tanto.
Hasta ahora en ninguno de mis sueños he logrado salir del dilema, sigo dándole giros a lo que sueño y termino cansadísima, recordarlos se vuelve un ejercicio de alto rendimiento y no he podido hacerlo con lucidez.
Tengo una nueva obsesión; “el concepto del laberinto”, parece que todos mis sueños eso es lo que comparten, una idea no una imagen del laberinto, donde cuando entro me pierdo, y no he podido salir, a veces se sienten como prisiones oníricas, otras veces como lugares etéreos donde hay algo que descifrar. Es así que me propuse soñar un laberinto, que, aunque no lo logré, me hizo volver a un sueño que se ha repetido en ciertas ocasiones.
El pasillo es largo, hay muchas puertas, son de madera en blanco, cada una se siente diferente, hay una tonalidad de luz azul pastel en todo el lugar, excepto por los picaportes son del dorado clásico, nunca veo particularmente lo que hay cuando recién abro la puerta, la veo desde otro punto de vista, un wide shot donde se ve el pasillo y me veo yo abriendo las puertas, pero solo hay una suerte de profundidad negra, un destello y ¡saz! estoy en otro lado, en otro tiempo, resolviendo quien sabe qué cosa. Hay como en el dripping de Pollock que mencionas, variaciones accidentales de tipo, velocidad y modo en mis sueños, hay veces que voy de un lugar a otro sin discreción, otras donde debo o siento que debo quedarme. En mis sueños seguro que Mallarmé vive detrás de alguna de esas puertas hablando de azar y la repetición en sueños. 😊
Por cierto, totally unrelated pero not.
Parece que por ahí la idea de taxonomía también te atrajo, el día que decidí dibujar el pájaro y escribir sus partes, lo pensé, qué tan semejantes y diferentes pueden ser las aves y por qué no tengo el tiempo y ritmo para poder observarlas. Son criaturas curiosas. Luego me comentaste algo en insta sobre el hecho de haber realizado mi taxonomía, como si yo hubiera creado mis propios términos para describir las partes del animal. Y te iba a contestar que sería la taxonomía de todas las aves, pero luego luego terminando de leer tu texto “Semejanza y diferencia. Contra la tiranía del número, el nombre” me cayó el veinte y lo pensé cuando lo dibujaba, solo estamos muy acostumbrados a pensar que no creamos… que no inventamos como Xul nuevas lenguas y nuevos juegos por eso la creación como acto de amor es de lo más importante, lanzar al mundo criaturas nuevas es un acto de amor. Y claramente “no hay bocas suficientes para cantar la infinita variedad de lo que existe”.
Y si “entre los antiguos sólo era permitido pintar a los dioses si los habías soñado (teúrgia) y te es permitido ser artista siempre que tu imaginación sea más grande que tu estancia” ¿qué crees que diría Elizondo de mi pasillo como sueño laberíntico hacia otro sueños? :p .
Lo que si me imagino es poniéndole la sinfonía de 600 de John Cage como soundtrack a mi onírico y laberíntico encierro. Porque algo que sí es producto de la cuarentena onírica es que de pronto se siente como prisión, me toca ejercer esa paciencia que mucho he evadido desaprovechando el tiempo para celebrar mi imaginación. Que se potencie todo, seguro también es consecuencia de habitar un lugar tanto que es necesario abrir puertas y ventanas hacia otros.
Nos quieren trágicos, pero les damos mágicos.
Igual ocupo y les deseo a ti y a todo nuestro aquelarre magiquísimo que como Chardin hagamos nuestro arte ya sea en pantuflas, botas o descalzos y que haya quien horneé manzanas y pan. Que tengan ventanas, puertas y obsesiones desde esas ventanas y puertas, que se confundan con las reales y las oníricas. Ya la Miguel Ángel te la manejo sin problema, estoy poseída por laberintos de imágenes e historias, por hilos conductores.
Y entonces es posible que el arte también sea esa fuerza vital y motriz como actos de amor.
Creaciones donde los sueños se hagan anchos y no tengan donde chocar.
Aplicaré la Marcel Proust, intentaré interpretar a “La Prisionera” en mi próximo sueño, quizás me ha faltado explorar el pasillo y dejar de ir directo por la puerta para cachar algo más que contarme sólo para devolverme a la “ordenada” vigilia.
Es mi hogar un laberinto con cualidades de fuerte para la imaginación. Con todo menos miedo a los llamados y experiencias trascendentales.
Es un privilegio vivir estos tiempos interesantes y rarísimos a tu lado y junto a nuestro aquelarre. Te actualizo en las conexiones, ya Mon te contó que el viernes 5 de este mes es luna llena, bueno pues es luna llena y eclipse de penumbra, conocido también como luna de fresa. Le he enviado un par de fotos a la trilogía sobre mi ritual para llegar al viernes, incluye una obsidiana en forma de corazón que traje de la primera vez que estuve en Hermosillo después de comenzar a dar clases. Toca baño de luna y recarga de amuletos, cuarzos, piedras. Hoy toca un ritual de equilibrio, prenderé una vela negra y una blanca, pienso en ti y te vibro y siento muchísimo amigo. Te incluyo en mi Fjar, en mis prácticas mágicas, en mis laberintos.
Nuestra amistad ya es ritual sagrado.
Te mando mi sueño de laberinto en voz en breve, no creas que me olvido.
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