miércoles, 9 de marzo de 2022

Notes to myself


1. Primer ritual del año: rendirnos a lo sencillo.

2. Pasito a pasito, en los valles, he aprendido a respirar.

3. La ciudad es un efecto de mi nostalgia. la montaña me activa, me desafía, me hace real.

4. El silencio del páramo tiene un peso propio que guardo dentro de mí. 

5. El viento habla muy claro cuando caminas por las alturas.

6. Siempre esperando ver la montaña más lejana y mientras tanto Etla, tan dulce en cada uno de sus picos, dejándose ver.

7. Enraizarme en lo humano me enseña a poco poco desvestirme de los apegos.

8. Activar nuevas energías en mi altar interno y cuidar mi casa me da claridad interna.

9. Tomar un baño calientito y encender una vela me hacen sentir fortalecida.

10. Canto mantras para mi alimento y mi cama y así cuido de mi espíritu. 

11. Sahumar sobre mi y mi casa me ayudan para trabajar lo astral aquí en nombre de todos.

"..." un hechizo, la posibilidad de conjurar la realidad

 “Si no se habita en el mundo, no se puede construir hogar, calor o piedra que te cubra de los peligros del camino, los relámpagos. Entonces, que tu amor alcance a temblar en la vacilación de la luz en el instante que precede a la total oscuridad. Se desvanezca cuando la luz se desvanezca y solo entonces. Que aún allí toque tu cuerpo y lo encienda.”

- Claudia Masin, geología.


Durante el día camino despacio por las llanuras cerca de la montaña, de noche hago rituales para sanar y compartir, cuando me acuesto dejo que el sueño me toque con su espesura y entro ahí, moviéndome con un ritmo inventado, cinética del misterio, ordenando las plantitas de otra casa llena de pasillos y puertas, donde me han visitado amigos y seres de otras dimensiones. Sueño que nado en un lago oscuro, tranquilo, sueño sin miedo y ya es de día, algo me ciega, quiero seguir durmiendo, pero J. abre las cortinas y deja que entre la luz. 

Tuve un sueño, no reconocí la luz, se parecía a la del alba pero en neón, sabía con claridad hacia dónde seguir caminando, hasta cansarme. El cansancio no es anterior a la imagen, está debajo. Anterior a la imagen son el vuelo, la noche. 

Cuando el presente se acelera tanto, caigo en mis sueños como si en ellos pudiera vivir lo que me resulta imposible en la vigilia. Sueño lento, contraria a la vida, sueño con densidad, algo cae. Quiero registrar lo que está por fuera, siempre, la invitación. No sé nada y no me importa. Me dejo caer y cuando caigo no hay lenguaje, hay vuelo. Es tarde. No quiero hablar: hay un ruido de caída. 

Hay cosas que no tienen borde, que se extinguen cuando son tocadas por la luz y la luz, palabra absoluta, las hace nacer otra vez, renovadas, como a los miedos, como a las heridas que las transforma, que las sana. 

El otro día leí que a veces el dolor es simplemente dolor y entonces pensé en todas las conversaciones con J., en esta presión sociohistórica, axiomática, de que todo dolor trae un aprendizaje. Para mí, el aprendizaje deviene casi siempre después, tiene sus propios tiempos. No necesito agotar mi dolor diciéndome que algo voy a aprender cuando ni siquiera he terminado de atravesarlo.

El aprendizaje, me parece que nace de un silencio posterior. No necesito un montón de voces categóricas forzándome discursivamente a reflexionar sobre un dolor que todavía vive en mi cuerpo con tanta fuerza, con tanta realidad física. Aprendo siempre, claro, algo se nutre con cada gesto que hago. Sin embargo, voy a elegir callarme o decir: siento que estés pasando por esto antes de decir: algo aprenderás. Esto lo aprendí por un amigo que aprecio mucho. 

Vivo el aprendizaje como un ejercicio contradictorio, en constante incomodidad. Aprendo a ver cuando puedo quedarme mirando y no siempre puedo y está bien. Sin conclusiones. Solo pienso en lo que hay en esta foto. Solo estoy aquí, sintiendo la sutileza de otro paisaje en mi interior, creyendo, aunque todavía no lo aprendí del todo, que al final las cosas encuentran una forma de reorganizarse.

A mi nadie me enseñó a hablar con dios y soy alguien que se proclama hija del lenguaje, un lenguaje que habla, que muestra, que piensa, que registra, que escribe, que cala, que describe. Quizás por eso nunca creí en dios y mejor le escribía cartas a todo el mundo, les hacía retratos, fotomontajes, películas, para poder acercarme, para perder la timidez, para confesarme, que era lo más cercano a una religiosidad. Exceptuando las correspondencia, el resto era mío: un gesto celoso, introvertido, un monólogo encriptado que con el tiempo terminó asfixiándome porque la escritura y la fotografía, ahora lo entiendo así, se hacen también hacia y desde afuera.

Cuando empecé a mostrar lo que escribía y fotografiaba fue gracias a Internet y un blog ingenuo en el que conté los primeros episodios de mi primer viaje a Sudamérica. Intentaba pequeñas crónicas personales sobre mi encuentro con Buenos Aires, su nostalgia heredada, las noches cerca del Obelisco, en sus calles tomando litros de cerveza Quilmes, pero no lograba construir nada que me dejara satisfecha. Todo me parecía cursi, banal, impostado. Me mecía entre aquel placer primigenio suscitado por el ejercicio de evocar con imágenes y letras (intentar entender algo, encarnarlo en la página, como imagen y después dejarlo ir) y un sufrimiento inexplicable por no encontrar las palabras e imágenes adecuadas, las más precisas, por perseguir siempre una idea escurridiza que no era capaz de materializar.

Probaba de nuevo algunos trucos, y es que la vida a veces es más truco que trato. Quería volver a jugar, pero todo lo que hacía empezaba a volverse en mi contra, me hacía sentir insegura. Eliminé el blog y construí otro. Seguí, pero el efecto era el mismo: tristeza recurrente, vueltas y vueltas y vueltas sobre lo mismo. ¿Compartir lo que fotografiaba me estaba alejando del placer de hacerlo, de salir a hacerlo? ¿Sólo podía fotografiar desde el dolor? ¿por qué se había llevado mi alegría? Ahí estaba, tomada por las emociones que se sucedían como olas de un mar enfurecido, sin poder sacar la cabeza para respirar, moviendo brazos y piernas torpemente.

«Escribir: era lo único que llenaba mi vida y la hechizaba», dice Marguerite Duras. Eso quería para mí y la fotografía, un hechizo, la posibilidad de conjurar la realidad hasta el punto de encontrar ese estado de plenitud. 

No recuerdo el momento exacto en que la escritura, la fotografía y ahora el cine dejaron de dolerme, pero sospecho que tiene que ver con el hecho de perder el control. Es decir, poco a poco dejé de esperar tanto de ellos y ellos, como si tuvieran una inteligencia propia, me devolvieron algo de paz. Esto había ocurrido antes en mi vida. Me habían estado entrenando con dedicación en el ejercicio incansable de volverme una persona más humilde y amorosa, menos soberbia y egoísta. Aquellos pequeños logros cotidianos se iban colando en mi mirada sobre las cosas y después en mi cuaderno, en la cámara.

También logré relajarme gracias a la poesía. Cuando dejé atrás la intención de cronista, cuando dejé de esperar legitimación externa, cuando dejé de intelectualizar absolutamente todo lo que hacía, cuando dejé de ponerme en el centro —yo, mi drama, mi punto de vista— y me entregué a la escucha de las pequeñas cosas, a su magia indescifrable, al lenguaje como posibilidad infinita, como forma de la ternura, entonces empecé hacerlo con placer.

No siempre lo hago con placer. No niego que exista cierta tensión entre dolor, escritura, fotografía, cine, construcción del yo, contexto y disfrute. Que a veces no es tan sencillo como dejarse sorprender, ejercer la escucha, atender la música sutil que nos canta. 

Cuando estoy nerviosa no puedo escribir, fotografiar, ni filmar, doy vueltas por el patio, miro a lo lejos por si aparecen las nubes del valle. Cuando estoy nerviosa me siento en el sillón negro, me levanto, hago listas de pendientes, imagino escenarios para adelantarme a lo posible. Cuando estoy nerviosa mis amigas rezan por mí, prenden velas, palosantos, ofrendas de flores. Cuando estoy nerviosa no puedo cerrar los ojos, tengo que verlo todo, por si acaso, pero si logro hacerlo, si los cierro unos segundos pensando en el brillo del sol sobre la cumbre del valle, entonces descubro que hay tantas formas de meditar, relajarme, pequeños logros como islas, paces diminutas, milagros propios y que, si insisto, la escritura y la fotografía terminan siendo una consecuencia de otros ejercicios, una extensión de mi cuerpo yendo y viniendo, haciéndose espacio a sí mismo y que esta forma del conjuro, no me quita los nervios, pero los transforma en algo más visible, algo que casi puedo tocar y sí, es cierto, vale la pena cerrar los ojos, animarme a ver. Mirar al cielo y pisar firme en esta tierra que te sustenta, entregándole todos tus dolores y dificultades pero también a la hermosura.

“En la hermosura siempre hay un consuelo.” 

- Claudia Masin.

No niego el dolor, pues el dolor y el placer conviven en mí. No me niego a mí, pues convivo con las otras cuando escribo, cuando fotografío, cuando filmo. Simplemente digo que también puedo practicar el placer y que tengo que estar dispuesta a ejercerlo soberanamente, sin ser tutelada siempre por un afuera que me deja triste, aislada y confundida.

Un beso en el corazón 💛

jueves, 14 de octubre de 2021

Sé lo que no quiero

 Sólo sé que no quiero llenar esta página con tanta incertidumbre porque si de algo estoy segura es que me perseguirá la duda y que eso esta bien. 

Por alguna extraña razón los 30s han sido esa época de mi vida donde todo se ha vuelto mucho más grande, mucho más simbólico, mucho más real. Pareciera que los teenager years iban a ser los que marcarían ese ritmo acelerado de las cosas, pero este tercer piso resulto catalizador de toda la magia, de lo lleno de luz y de lo lleno de obscuridad. 

Agradezco que llegara ahora que mi corazón y el espíritu sé que pueden rearmarse, rehacerse, transformarse y que como pieza de lego para eso son.

1 año ya de vivir en Oaxaquita la bella, en un valle donde nos cubren montañas y ríos medicinales y donde estoy aprendiendo a encontrarme a mi misma. 

No ha sido un viaje sin turbulencias. Me ha tocado irme de frente hacia miedos que pensé superados o evadidos exitosamente. Me llene de coraje, salí de mi zona de confort, estoy tratando de descifrar mi propósito, empezando de nuevo, aprendiendo a amar mi soledad sin resentir nada ni nadie. 

Tener una casa ha sido de lo más bello y nuevo, un espacio exterior enorme donde mi espacio interior también se engrandece. Darle un sentido nuevo a un cotidiano nuevo ha sido de las cosas más difíciles, complejas y hermosas que la vida me ha ofrecido. 

Deseo estar a la altura de mis sueños, de los deseos que manifieste en realidades, de mis viejos y nuevos amigos, del aquelarre que se formara en esta nueva geografía, del hogar que decidido compartir con J.

Estoy por ahora en un impase o más bien en una pausa donde debo recordarme la belleza de no tener propósito también, la belleza del descanso, del autodescubrimiento, de la calma, de poner las propioridades en orden.

No me olvido que estamos atravesando una pandemia jodidísima y eso de pronto me deprime y me frena de ciertos planes, pero todavía creo que soy capaz y que la motivación vendrá a su tiempo. 

Es cosa de volver a pedir, a desear, a manifestar, a creer. 

Octubre 2021

 


lunes, 13 de septiembre de 2021

Terror en Cananam

Hace un mes que regrese de un viaje de dos meses y medio, comencé mi travesía en CDMX, pasé por Cuernavaca y mi destino era Cananea. El primer mes y medio transcurrió entre amigxs y familia, la energía del reencuentro después de no verles por largo rato me llenó de poder y fuerza. Me llevaba desde Oaxaca la duda de si mudarme significaba trabajar en mi nueva geografía o seguir siendo nómada, ambulante. 

Un pie en el avión y otro en mi nuevo hogar cerca de las montañas de la sierra oaxaqueña. 

Hay algo muy intenso en las dualidades, se requiere confrontar las opciones para abrir las posibilidades, al menos para mi, la opción de poder ir y volver a casa era muy atractiva, sonaba a libertad, a nuevas experiencias al alcance de mi mano, pero se que también necesito estar en mi nuevo hogar para construir puentes, vínculos, hechas raíces.  

Personalmente viajar siempre ha sido tener experiencias al putazo, de crecer un chingo como persona, de autoconocimiento y búsqueda, me engolosine "macizo" como dicen en Sonora, algo me decía que sería quizás el último taller que impartía para la empresa, y quería que fuera muy memorable. 

Con ese ímpetu de crecer, de responder un par de preguntas, de salir a compartir sobre cine, de volver a lo presencial, de ver el programa de estudios que ayudé a diseñar en acción, de ver de nuevo a las pasadas generaciones del taller de cine, decidí ser flexible ante las opciones que dejaba esta pandemia y lo que habíamos acordado entre los involucrados en el taller para que todo esto se hiciera realidad. 

Mi colega, el capitán del barco (Antonio Trillo), nos pidió esa flexibilidad desde el inicio, cosa que debió sonar a cualquier cosa en ese momento y pensándolo bien,  quizás era la clave para entender qué sucedió después, ya que desde que llegamos a Cananea "flexibilidad" se convirtió en algo parecido a resistencia cubierta de surrealismo.

Con todo y todo, siempre picar piedra y encontrar las vetas del arte en un lugar nuevo siempre será un reto, me imaginaba que sería cosa de ajustar y listo. Creo profundamente en el arte y su capacidad de hacer comunidad y ser factor de cambio en el espíritu, bajo esa bandera creo que tolerancia, paciencia y ternura,  son aspectos muy importantes, mis colegas y yo nos entregamos con esa bandera arriba sin saber que habría que resistir para mantenerla ondeando. 

Comenzamos las clases con muchas ganas de sumar a la familia cinematográfica alumnxs que quisieran ir a compartir con nosotros sus historias y les pudiéramos dejar esa semilla del amor al arte y la confianza en su energía creativa, sucedió y se armó un gran grupo de alumnxs nuevxs y de generaciones pasadas que ahora participan como profesorxs adjuntxs del taller de cine. 

Fue una orquesta, por lo numeroso y por los vínculos que se crearon, hubo sinergia entre todxs, se hizo muy real eso que dicen de que las tragedias unen a la gente, todxs expusimos el corazón, historias muy interesantes e íntimas, otras un tanto más ligeras pero igual de maravillosas. El desarrollo y final de pronto se sintió como un trago amargo por muchas cosas que poco o nada tenían que ver con lo que enseñamos y aprendimos como equipo, crew y familia cinematográfica. 

Dudé un par de semanas desde que llegué de allá, en cómo decir, en cómo compartir mi experiencia sin sonar como si hubiera formado parte de una lucha social inintencionalmente y que jamás hubiera pensado que surgiría en mi trabajo.

Quizás nunca debimos entrar en la Clínica Obrera, ese edificio abandonado cargado de energías densísimas, puede que hayamos salido poseídos con el espíritu de algún sindicalista rebelde e incorruptible que murió ahí. 

También dudé porque de pronto mis redes dejaron de ser espacios sin censura y se me hizo el comentario de que se habían enterado que había estado posteando las condiciones en las que estábamos trabajando. Un escándalo sin evidencias aquello, se me hacía tan absurdo.

Sólo mi amor y mejores amigxs contaban con la capacidad de devolverme a mi centro, al vientre del aquelarre para recordarme que mi vida está llena de amor, de ternura, de arte, de energías buenas, sanas, equilibradas, de problemas que no son en realidad problemas, que la burbuja que me he creado con mis personas favoritas, es una que nos merecemos por trabajar nuestro ser, nuestra ternura, nuestro amor propio y hacia los demás.

Sea lo que sea, no sabía qué lugar darle a toda esta experiencia, no sabía ni siquiera si creerla de mi misma, algo así como un Síndrome de Estocolmo macizo, donde encontraba excusa para todo, por el arte, por ser la resistencia, por lxs alumnxs, por no abandonar el barco, por mis otrxs colegas, por mi miedo a crecer, por darle entrada a esta nueva etapa oaxaqueña y de adultez pero mientras más lo cuento y más me escuchó y más me escuchan mis seres queridos, menos podemos creer cómo fue que me puse en una circunstancia tal, después de haber dejado la CDMX y comenzado mi camino más armónico en Oaxaquita, mientras más lo bajo a la realidad consciente, se me sacude el Síndrome de Estocolmo y trato de verlo con objetividad e igualmente trato de poner sobre la mesa mi más puro sentimiento en ese momento, de hacer el balance con el ahora, ya a la distancia.

Estoy tratando de escribir desde el corazón, con valentía y vulnerabilidad, tratando de ser justa a la experiencia, de estar a al altura de mis lenguajes, de mis acciones, de poder identificar donde pude haber reaccionado de mejor manera y si esto me ha ofrecido una dimensión ética mucho más grande cuando se trata de lo que quiero para mi arte, para mi labor en el mundo, para mi goce del espíritu.

El espíritu, alma, personalidad, fuerza y carácter de mi existencia como persona, como mujer, se fortalecen o se debilitan por las relaciones humanas que he construido y he compartido. 

Esta temporada se cimbró mi confianza, ese cimiento en la relación con este barco que es el taller de cine y su capitán. Entonces, todo cimiento es un espejo, un reflejo de todo cuanto se decide absorber y de todo cuanto se decide desechar, decido darme el tiempo de confrontar, de sentir, de soltar lo que me daña, y de volver a creer en la bondad del mundo, de los proyectos colaborativos e individuales, del cine, de creer en mi.

Lo que hiere, en este caso, se vuelve memoria. Y la herida, con el tiempo, se hace pregunta. Cuestiona. La herida es enfrentada para entender su origen y, en consecuencia, pueda ser sanada.

Me cuestiono la realidad donde se impronta algunos sucesos ocurridos esta temporada cananense, porque me cuesta darle el beneficio de la duda al capitán, que siempre podemos crecer sin tener que ser perfectos pero sí más humanos lxs unxs con lxs otrxs y recordar la importancia de sumar y no restar a las comunidades a las que viajamos y donde queremos compartir nuestro amor por el arte.

Me he cuestionado muchas cosas en este viaje pero me he reafirmado otras varias que mucho tenían que ver con lo que quiero en la vida, y definitivamente la onda corporativa no me llama nada la atención, me gusta el trabajo en campo, me gusta producir en campo, pensar en cine, resolver en cine. 

Sé también que siempre van a ser más importantes las personas que las empresas o que cualquier otro constructo del capitalismo, incluido el aspiracional, porque habrá siempre una necesidad de vincularse con el/la otrx que no venga desde esos lugares de estatus y jerarquías o de utilitarismo, puede que sea más complicado, pero... 

...a qué costo seguiremos pagando la negligencia, falta de comunicación y explotación de las personas y los recursos humanos de una empresa si no pueden ni con todo el dinero de ser del 1% de nuestro país, darnos una comida digna, un transporte adecuado para llevar equipo de cine comprado con su efectivo, para no tenernos aislados, lejos de nuestros seres queridos en un lugar super denso, con un clima tanto político como social y natural, extremo y tempestivo.

No lo vale en nada, si siempre pudimos hacerlo con mejores armas que no vengan desde ese lugar tan contaminado por el capitalismo, por la sociedad de consumo, un monstruo empresarial que solo se tiene contento entregándole más contenido audiovisual y número de beneficiados no es realmente un esquema de trabajo donde exista mucho espacio para el contenido original y no de comunicación corporativa, un contenido que se haga con alumnxs que hayan pasado por toda una formación holística y prácticas que les permitan potenciar su mensaje, su historia, su entusiasmo y creatividad audiovisual, y que tengan cabida en producciones donde se valore y pague bien su trabajo al largo plazo. 

Sabemos lo chingonxs que son lxs alumnxs que se han formado bajo un programa de estudios mucho más integrador, porque son los que ya están ganando festivales y creciendo con su comunidad cinematográfica por más reciente que eso sea, por algo se empieza. 

Es real que hay que seguir luchando y resistiendo por eso, para que todxs estemos tranquilxs, haciendo lo que fortalezca al proyecto y demás proyectos desde la trinchera del arte y la educación, no de la administración y coordinación de recursos, afortunada o desafortunadamente eso le toca al capitán, si él aprende a navegar por esos mares, llegamos todos a salvo a la orilla, podemos todxs brillar en lo que hacemos y seguir haciendo resistencia. 

Hacer documental nunca se trató de solo tocar las superficies, se debe ir hacia dentro y luego afuera, se debe compartir para recibir la joya de una historia, sea personal o de alguien o algo más, eso es lo que les pedimos a lxs alumnxs, a las nuevas comunidades a las que llegamos con el taller, y es un trato no dicho que nosotros hacemos lo propio para podernos conocer y acompañar en el viaje cinematográfico. 

Aunque me gustaría darle el beneficio de la duda al capitán todavía creo que la enseñanza y la putiza me deben servir y bastar para no confiar a lo bruto en las personas si siento que se están contaminando de algunos vicios de la empresa, vicios como  la falta de comunicación y como la frialdad ante un panorama que se debería prestar para justo lo contrario. 

Un lugar seguro como el que planteamos con la educación cinematográfica sirve para involucrarse sensiblemente en las historias de lxs alumnxs, es una maravilla poder conocer un poco de esta nueva geografía a través de ellxs, de lo que nos cuentan y nos comparten, tender ese puente necesita de ternura y mucho escuchar, de mucha comunicación. 

Quizás poder distanciarse un poco de todos estos mundos interiores de los que somos testigos cuando llegamos a enseñarles a nuevos alumnxs una dimensión del arte, la cinematográfica, resulta algo complicado, conectamos y reconectamos cada que damos una clase, cada que vamos a filmar, nos quedan sus tonos, sus gestos, y se dan a querer siempre con sus ideas, con sus intenciones artísticas, con sus distintas personalidades cuando se sienten en un lugar seguro para ser, hablar, proponer sus historias.

Hay algunxs que se hacen parte clave de la familia cinematográfica ya sea por su talento nato, por su perseverancia, o por sus ganas de pertenecer a un grupo donde se validen como cineastas, como artistas. Son esxs lxs que van solidificando una nueva generación de personas más despiertas, con poder de decisión sobre su futuro, sobre su labor en el mundo y los que con mucha potencia, como su maestra, me han hecho más valiente y libre.

Distanciarme aunque es una opción, la tomo a la ligera, me involucro, me vinculo, hago comunidad. Quiero ver a todxs los que hacemos esa labor tan bella que es enseñar cine, en condiciones dignas y que sean inspiradoras, que se sientan llenxs con lo que hacen, que sepan que están de lado de lxs buenxs si todavía hay visión de equipo, de familia, de la ternura. Que se valorara su trabajo cada que vayan avanzando en su formación y prácticas. 

Entiendo que habré de encontrar un equilibrio entre entregarme y contenerme, entre ser pasional y aspiracional, pero mientras eso pasa, se encendió en mi la flama de la rebeldía y el amor por lo que hago, y por lo que quiero dejar a mi paso por el mundo. 

Por un lado esas reafirmaciones y por otro lo que se cuestiona, lo que cuesta creer, lo que parece una resistencia surrealista:

El salón, o bodega de oficina en el que estábamos impartiendo clases estaba casi todo rodeado por ventanales, así que el sol cananense caía sobre nuestras referencias proyectadas en la pared haciéndolas imposibles de ver, la infraestructura del aire acondicionado estaba expuesta, así que el sonido nos obligaba a hablar en voz alta y con el cubre bocas encima la cosa era de locos, había que elegir entre no sofocarse o no escucharnos muy bien, yo la neta opté por quitarme el cubrebocas y hablar duro sin acercarme tanto a lxs alumnxs... con todo y todo el programa estaba diseñado para ir resolviendo sobre la marcha con ejemplos, anécdotas, ejercicios prácticos. 

Ajustarnos era lo de menos, hasta que comenzaron a pasar una serie de eventos desafortunados que muy probablemente estén ya nublados, por el ansia, la falta de una dieta sana y la cantidad de estrés a la que se nos puso en esta ocasión.

Entre tener que lidiar con un mal visionado, mala acústica, mala comunicación, en algún momento me ha tocado desplegar unas 10 mesas como de fiesta, de esas redondas para dar mi clase porque un día antes nos habían quitado las otras mesas de patio que nos había ofrecido para el bodega-salón, una verdadera locura. 

Nos dejaron encerrados o afuera un par de veces. 

Nos han movido de ese lugar a una sala de juntas casi sin previo aviso, nos sacaban de ahí cuando necesitábamos trabajar. Parecía un chiste querer tener un lugar para impartir las clases dentro lo que era una suerte complejo de oficinas, donde casi nadie asistía porque no había ni internet. El espacio estaba casi todo el día funcionando con luces prendidas, agua corriendo, café de oficina todo el día recalentándose al infinito y nadie iba más que nosotros, aún así con todo y todo encontraban la manera de movernos de lugar. 

Viví un mes y medio comiendo casi todos los días alimentos fríos, feos y fantoches preparados en el comedor de la Colonia de Trailas donde habitábamos, la comida era cuestionable, nos la servían, su mayoría, en unicel, frío, eran comidas y cenas pesadas, con su Pau Pau tibio, y si nos iba bien con Jumex en lata. El desayuno lo salvamos comiendo huevo que igual unas cuantas veces me toco sacar la cáscara de mi boca, a veces cereal o barritas de cereales y semillas, yo personalmente me volví adicta al Pau Pau de cereza y a las barritas de nueces. En ocasiones el capitán nos llevaba a los restaurantes de la periferia pero el estomago ya no estaba trabajando en condiciones óptimas y era medio rara la sensación de tener el estómago entre lleno pero vacío porque estaba haciéndose chiquito, tampoco era como que había opciones muy sanas de donde elegir, de hecho el lugar más sano se llamaba "Fit and Fat" y tal cual vendían ensaladas por un lado y carne por el otro, una puta joya. 

Tomé mucho café, eso sí, había una máquina de café de capsulitas y eso me mantuvo fuerte durante los momentos más duros. 

Un día acompañé a un par de mis colegas a hacer el super para nosotros y un par de alumnxs, nadie tenía idea de cuánta comida era necesaria para la cantidad de personas que éramos, en otra ocasión tuvimos que guardar comida en el refri de unx alumnx, otra en la que tuvimos que saltarnos por la ventana para poder meter el super que al final terminó desperdiciándose porque lo metimos en el congelador. En nuestra defensa, nadie nos dijo que haríamos de catering después de haber tenido un día de rodaje temprano e ir de scouting. Ya estábamos en un modo de continuar, aguantar y ver lo que sí estaba funcionando; que eran las clases prácticas de filmación (por más que fueran complicadas de definir sin transporte adecuado y con el clima hijosuputamadre cananense que tiene más personalidades en un día que Sybil en toda su vida) y en la familia cinematográfica. 

Otra gran escena del comedor, es que los refrigeradores goteaban, eso y lo cuestionable que eran los paquetes de comida onda mayoreo de algunas de las proteínas que tenían por ahí, en particular los weenies que les llaman, que simplemente no tenían fecha de caducidad. 

Se apiadaron de nosotros y nos terminaron por dar la llave del comedor, nos la escondían en una parte del tanque de gas para que la tomáramos y pudiéramos pasar por nuestra comida. En algún momento la escondimos bajo una piedra pero no funcionó tan bien. También nos regañaron de no dejar el comedor limpio y ya nos iban a castigar la llave, fue de esos momentos, de los cuales hubo muchos, de surrealismo total. Esto nos lo decía la cocinera del comedor más culero del mundo, y a quien dudamos le guste la cocina, eso sí nos logró vender la caguamanta que hacía su hermana a buen precio según lo que nos dijo. 

No había ni agua y jabón en ese comedor, mucho era cuestionable y aterrador. Yo volví a los sándwiches de atún y verduras en lata de cuando iba a la uni, no enfermé por acto divino, aunque tuve días muy intensos, Alka Seltzer mi pastor, mi faro, mi guía. No podían faltar galones de agua en la traila en la que vivíamos para poder mantener la hidratación, shout out a los enfermeros del IMSS Cananea que nos regalaron unas bolsitas de Vida Suero Oral después de escuchar como estábamos comiendo. 

Varios de mis colegas y alumnxs cayeron como moscas, ya su flora intestinal asumo que no estaba funcionando bien y nos fuimos dos veces al hospital, uno para recetas, otro para canalizarlo. En ambas ocasiones acompañé a quienes se habían hecho para ese momento mis homies. Fui más veces al hospital esta temporada en Cananea que en el año que iba de pandemia, de nuevo

S U R R E A L.




Ya para este momento se nos había cantado que la empresa era odiadísima en el lugar, que la mafia domina por ahí, que super sabían que habíamos llegado y por si fuera poco el par de docus que filmamos estaban por una zona súper densa intensa, igual se nos habló de los carros felices, básicamente puntos para comprar tu droga de preferencia, confieso que me pasó por la cabeza acercarme. 

Una de las trabajadoras de la empresa que esta relacionada al desarrollo comunitario de la zona, me confesó que en realidad no se ha hecho mucho en esa materia y que violencia de género, machismo y suicidio eran problemas grandísimos. Hubo también quien nos habló de que el pueblo está muy fragmentado con el tema de la empresa, la mina, los sindicatos, las luchas sociales, la mafia y se siente ese clima tenso, como que no se respira con facilidad en estos lugares del país. Yo la verdad de Cananea solo habia leíado en mi libro de la SEP de la primaria donde mencionaban en el capítulo de la Revolución lo del Plan de Agua Prieta y la Huelga de Cananea.

Mineros, químicos, encargadas de limpieza, cocineras, guardias de seguridad, empleados de confianza, nos hablaron de las carencias de su lugar de residencia, de la necesidad que hay de cultura, arte, ternura, amor propio pero también necesidad de dinero, de estabilidad para sus familias, de sentido de pertenencia, de necesidades básicas.  

Si bien siempre he sido una persona hipersensible igual he intentado ser una persona valiente y vulnerable, alguien que pueda sentir y pensar en la medida justa y necesaria, es lo que me hace una buena productora de cine documental, porque puedo resolver desde un lado amoroso y eficaz. 

Me tomé muy en serio dejar una semilla en campo que consideran sus habitantes infértil, me tomé muy en serio hacer mi chamba bien y luchar desde mi trinchera de la educación y el arte para sumar y no restar en estas comunidades tan puteadas por el capitalismo, la empresa, los problemas sociales densísimos. 

Me tomé muy en serio ser una buena productora, docente, amiga, colega, segunda en mando, equipo. Genuina ante las condiciones que todxs encontrábamos indignas e incluso peligrosas, solo que mi voz suena muy alto cuando la alzó, cuando está cargada de dudas ante lo que considero injusto. 

Fue algo muy intenso pasar de la libertad de la que gozaba en mi casa, al encierro en la traila, de la traila a la oficina/salón y de ahí a la traila, o a hacer el super. Las veces que pudimos convivir con otras personas eran en clase y cuando salimos a filmar, así que una plática tranquila no era muy factible en estas condiciones, aún así, lxs alumnxs se encargaron de hacernos sentir bienvenidos, de contarnos anécdotas de su vida, de sus sueños, de sus ganas de salir y de conocer, gracias a ellos podíamos imaginarnos otras cosas además de lo que vivíamos. 

El aislamiento fue en gran parte un factor decisivo para la moral tan baja, no podíamos salir, recordándonos quizás lo peor de la cuarentena con esta pandemia que vivimos, estar todavía más lejos de nuestros seres queridos, de lo que nos hace bien, de poder tomar decisiones sobre cosas cotidianas de manera fácil hacía muy frustrante la estadía. Para salir era siempre necesario que alguien fuera por nosotros o que llamáramos a un par de taxis que nos cobraban un montón por estar en una zona muy lejana. 

Ni cómo explicar que las semanas de rodaje estuvieron accidentadísmas por el tema del transporte, estábamos en moviéndonos en dos pick up sin lona, el clima, el equipo técnico que se tenía que trasladar, las distancias, la cantidad  de alumnos y profesores tanto titulares como adjuntos, uy, siempre salir era un motivo de estrés, de movilizar a dos personas más que estuvieran autorizadas para manejar las camionetas, a menos que solo fuéramos a comer, ahí sí… parecía de repente que todo estaba en calma, pero a la larga ya se sentía como un placebo más que como una resolución definitiva del problema.

Es gracioso como cada quien lidiaba con el encierro, había quienes se relajaban viendo “Los Simpsons”, (la temporada 4 y la 7) que hizo muy bien en traer F. en su disco duro, otros quienes salían a correr por la noche o la mañana, había quienes vamos al pequeño boliche que tenían a beber una cerveza en el sports bar del local, otros quienes salían a conversar con quien pudieran en el parque o se sumergen en sus dispositivos y hablaban con sus amigos y familiares. Tratábamos de hacer todo más ameno con las herramientas que teníamos después de este primer año de Covid 19. Aun así la moral seguía bajando. 

Nos mentalizamos que trabajaríamos día a día, sin preocuparnos demasiado para poder soltar y tener una mejor actitud, lo intentamos pero sucedieron de los dos eventos más desafortunados. 

Una tarde antes de salir a rodaje, J. estaba paralizado en medio de las oficinas, le pregunté qué pasaba y en eso escuché los gritos por su celular, era su novia del otro lado del auricular, estaba en la adrenalina tratando de contarle lo que después supimos fue un accidente super destino final donde en uno de esos elevadores de auto ella sintió que se patinaba la llanta, salió a corroborar y como no puso el freno de mano bien, se le vino el coche encima, me imagine que sintió que la empujaba o que la aplastaba, al final resulta que esta bien y usaría unas semanas collarín. Aún así fue un momento de mucha conmoción. 

Tuve que dejar por un momento a J. sabiendo que estaba tomando la llamada con más calma, y luego regresé de producción para consultarlo sobre qué quería hacer, o si había algo en lo que pudiera ayudarlo. Ya que terminamos filmación, le preparé un tecito de pericón, una hierba muy potente de la montaña de Oaxaca que ayuda al estómago, y asumo que ahí y en el corazón fue donde recibió todo el impacto del accidente mi querido amigo. 

En otro episodio, resulta que teníamos la última filmación de uno de los cortometrajes del taller, nos preparamos, y fuimos a comer al chino, pensando que era una opción que nos llenaría más y nos tendría sin problemas activos durante el rodaje, poco sabíamos que tendríamos la peor noche de toda la temporada cananense cuando uno de los profesores adjuntos se indigestó con los mariscos que venían en uno de los arroces que pedimos y tuvimos que llevarlo al Seguro para que lo canalizaran y le dieran medicamento. 

Sacamos el día de filmación bellamente, veníamos tan felices, y de pronto su semblante cambió por completo, el dolor era tal que se estaba doblando y llorando. Fue muy fuerte esta escena porque pensaba en la responsabilidad tan grande que nos había dado el capitán al encargarnos de dos adolescentes, de su cuidado, de su formación, de su salud, y nunca se habló de estos temas, ni eran parte de las actividades que se charlaron se harían en esta temporada.

Fue todo muy confuso, muy difícil, fue afortunado y desafortunado que estuvieran por ahí los directivos de la empresa y de menos nos hicieron el favor de llevarnos al médico, aguantamos sus chistes de mal gusto y su discurso corporativo que se salta los límites de lo que yo entiendo como humano, hablando de tener que sacrificarnos por el proyecto, teniendo un alumno siendo canalizado, no sé, me hirvió mucho la sangre esa noche, me alegra haber podido decirle un par de impresiones sobre cómo se estaban desarrollando las cosas en Cananea y lo que consideraba estaba mal y que hay un problema de raíz, social, cultural en estos espacios mucho en parte por la empresa y sus maneras de hacer la cosas. 

Regresamos a nuestras trailas en la madrugada del siguiente día, cansados, abracé a mi alumno y le pedí una disculpa por la experiencia, lo mande a dormir y al día siguiente comenzaron las pláticas y la verdadera resistencia con el capitán que parecía estar más desconectado que nunca de nuestras actividades, de nuestro grupo, de la familia, de las historias… 

Tuvimos alrededor de 4 charlas con el capitán del barco, una de ellas fue personal, la última y no sé si confiar, las primeras parecía una grabación de corte institucional donde se nos pedía que confiáramos en la empresa y en que debíamos darles tiempo para entender cómo hacíamos las cosas y las dinámicas de la clases y las filmaciones, eso obvio al costo de nuestra salud mental, física espiritual incluso. Se nos agradeció el trabajo pero por otro lado se nos acusaba de no saber dejar de insistir o de simplemente dejar ir las cosas. Una suerte de pro mediocridad que nunca había visto en ninguno de los proyectos a los que me he sumado en mi carrera cinematográfica. 

Por poco y me toca hablar con una de las personas según esto arriba, en la jerarquía pendejísima de esta empresa, me negué profundamente a tener que hacer un trabajo más que no me correspondía en el taller. 

Alce mi voz, pedí condiciones dignas para mi, mis compañeros, mis alumnos tanto los nuevos como los que acudieron a esta temporada del taller como profesores adjuntos. Tuve que explicarle al capitán una y otra vez porque su figura hizo falta, de los errores que se habían cometido desde el inicio, que no se vieron por las necesidades básicas para poder hacer nuestro trabajo bien y dignamente. Le dolió mucho que le insistiera que sentí que lo rebasó este proyecto, me dio mucha tristeza que no escuchara lo que venía después de esa crítica, que era que todos estábamos aprendiendo con un proyecto que está creciendo cada día más y que da para mucho. Y que se valía pero no al costo de su equipo y que quería escuchar una disculpa honesta no un “lo siento, pero la empresa”, que con eso era más que suficiente para subir un poco la moral del equipo y luego que se resolvieran un par de cosas aunque fuera solo de la comida. 

Para este momento yo ya sabía que mi trabajo en el taller peligraba si no es que ya estaba más que finiquitado, es más, desde que llegó el capitán después de su ausencia de dos semanas durante el tiempo de producción y ya que le había hecho llegar nuestras quejas y nuestras inquietudes, lo primero que me dijo es que no era tortura para nadie esta chamba y que era bienvenida a marcharme cuando quisiera, a lo que le contesté, que no se trataba de eso, se trataba de que hablásemos seriamente. 

Lo cual, sucedió entre un ambiente de extrañeza e incomodidad, ya habíamos construido un lazo muy fuerte entre los que quedamos y él fue excluido de nuestras dinámicas, además de que parecía que no podía socializar y compartirse, aquí me daré la libertad de asumir... pero siento que hay también un factor que desconocemos que algo tendrá que ver con la vida personal del capitán, porque además de su evidente cambio en cuanto aspiraciones laborales, hay algo que lo hacía más contenido y hermético que de costumbre, traté de que me lo compartiera sin transgredir su ser, pero jamás se tocaron esos temas tan personales. 

Igual no es excusa para que no resolviera los tópicos que eran urgentes para que nuestra estadía ahí fuese digna. Era muy raro de pronto estar como líder del proyecto cuando no me gusta pensar en esas jerarquía siquiera, me gustaba pensar en el taller como un lugar donde todos estamos en la misma posición solo que se sabe bien cual es el super poder de cada uno y nos entregamos a esa parte para hacer funcionar algo que sabemos que es más grande que nosotros y que es hermoso… como la educación cinematográfica.

Esta temporada le dio un giro a esa parte de mí, que pensaba en el taller con ese tipo de organigrama, entendí un par de cosas que son justo del orden laboral y adulto al que de pronto me da un pánico enorme entrarle más de lleno pero que sabía que iba a presentarse el día en que hablaría de hacienda y de facturas, y de condiciones dignas, y de lo que quiero sumar o restar en el mundo, del arte, del costo ético, moral, de valores y convicciones. 

Es muy fuerte que habiendo elegido mudarme hace un año hacia la montaña, a sabiendas que en algún momento debo entregarme a la idea y ofrecer mi energía y mis rituales a manifestar mi luz en mi nueva comunidad, creo que el taller funcionaba como ese tener un pie todavía en la ciudad, no porque no me vea tomando un trabajo donde viaje y me quede plazos largos, pero creo que bajo las pautas de esta empresa en particular, mi personalidad y mi confianza se ven muy mermadas, incluso cuando se trata de confiar en mis colegas o en este caso del capitán que es alguien a quien conozco desde la universidad, un ser que si encuentra el equilibrio entre la poesía y sus aspiraciones creo que hará grandes cosas, no solo grandes movidas empresariales. Ya puedo en este momento desearle lo mejor, mucha luz, le deseo que se comunique menos desde el discurso corporativo y más en acción de cambio. Que pueda hacer el switch entre su ser empresarial y el capitán que necesita su barco, su tripulación. 

A mi me deseo manifestar un trabajo digno, divertido, estable, del que me sienta orgullosa y que no regrese siempre a la cuestión ética desde lugares tan obscuros como plantea esta empresa, sino desde lugares mucho más amenos, mucho más interesantes, alternativos, amorosos, justos. Sin miedo a que sueñe super cursi, pero tengo fe en que hay proyectos que unx puede construir, a los que se puede sumar, esfuerzos que puede hacer, conocimiento que compartir en ambientes menos tóxicos y donde sean claras las actividades y haya libertad de sumar y tomar más responsabilidades siendo reconocidx, vistx, escuchadx, valoradx.

Aprendí también lo importante de siempre definir los roles de lxs involucradxs porque debe haber claridad entre todxs sobre las actividades que se van a realizar estando de viaje. Lo chingón de la educación, del arte, la capacidad de adaptarnos y seguir construyendo familias para la creación de obra… pero debe haber condiciones justas y buenas para poder crecer y aprenderlas sin sufrir. 

Lo que me recuerda que ya que veníamos en el avión de regreso mis colegas y yo, sin el capitán, se nos ocurrió que esto fue como ir a la prisión o a la guerra y ya estando en casa con mi persona favorita surgió el chiste de “Terror en Cananam”, como título para mis impresiones del viaje.

Puede que nunca un viaje me había significado tanto duelo pero tampoco tanta enseñanza, se me ha dado un empujón mezclado con putiza para ponerme las pilas con lo que quiero lograr, lo que quiero hacer, lo que quiero ser, lo que quiero sentir, con quien quiero colaborar y para qué.

Es una oportunidad para volver a confiar en mí, en mi sentidos, en mi intuición, en mi capacidad creativa y creadora, en mi visión única del mundo y sí puede que cueste más, pero este costo si lo pago, en realidad todo se trata de amor propio y se vale apostar por eso.

Si somos 

L A  R E S I S T E N C I A





miércoles, 25 de agosto de 2021

Receta: Crisopeya de rejalgar picante

  Para el/la alquimista.

“Por su propia naturaleza, el oro no se corrompe; precisamente por eso es la más preciosa de todas las cosas. Cuando el artista (el alquimista) lo incluye en su dieta, la duración de la vida se hace eterna. Cuando el polvo dorado penetra en las cinco entrañas, la bruma se dispersa como las nubes de lluvia por el viento. Los cabellos blancos recuperan su color negro; los dientes caídos vuelven a crecer en su lugar. El viejo debilitado se convierte en un joven lúbrico; la mujer anciana derrumbada recupera su juventud. Aquel cuya forma ha cambiado y ha sabido sortear los peligros de la vida, ese tal es acreedor al título glorioso de Ser Verdadero".  

- Fragmento de Mircea Eliade en “Alquimia Asiática” tomado de los textos de alquimia más famosos de Asia, el "T'san T'ung-ch'i" (Unión de las correspondencias separadas).

Yo había descubierto un importantísimo secreto imantado al refrigerador de una poderosísima bruja, se leía lo siguiente; 

"Lista de mercado para el almuerzo colectivo o cómo descubrir los elementos constitutivos del universo":

Ingredientes

  • Extraños poderes de inspiración
  • Creencia en lo sobrenatural
  • Poderes de la magia
  • Aire puro 
  • Sol y agua
  • Fuego y tierra
  • Tribikos y kerotakis

Preparación de Crisopeya de rejalgar picante:

  • Póngalo todo a baño maría hasta obtener algo parecido al rejalgar.
  • Agregue algo que le suscite una extraña sensación de pertenencia y vuelva a mezclar todos los ingredientes. 
  • Recuerde que no puede obtener nada sin dar algo a cambio. Para crear, algo de igual valor debe perderse.
  • De una vida alquímica a los objetos y actos según su posición y su contenido.
  • Diga en voz alta "Ab eo, quod nigram caudum habet abstine terrestrium enim decorum est”
  • Reclámese de la estirpe de los alquimistas pues ahora sabe transmutar el oro.
  • Note cómo está rodeado de toda clase de seres, animales y energías.
  • Sírvase frío.

El detrás de páginas de este texto:

 “Exploración de las fuentes del río Orinoco” (1959), Remedios Varo

“Crisopeya de María la Judía” (1964), Leonora Carrington

Kerotakis 

El kerotakis es el más importante de los inventos de María la Judía, es un aparato de reflujo usado para calentar sustancias utilizadas en la alquimia y recoger sus vapores. Se creía que la reacción que tenía lugar en el kerotakis era una reconstitución mística del proceso de formación del oro que ocurría en las entrañas de la tierra.

Rejalgar

María estudió los efectos de los vapores de arsénico, mercurio y azufre sobre los metales, ablandando e impregnándolos con colores.  Su compuesto favorito de calcinación era el rejalgar, un mineral de color rojo anaranjado compuesto de sulfuro de arsénico, que a menudo aparece en las minas de oro.

“AB EO, QUOD” (1956), Leonora Carrington

En el respaldo de la silla dentro del cuadro de Leonora se leen las palabras bordadas en latín: "Ab eo, quod nigram caudum habet abstine terrestrium enim decorum est”, un fragmento del Asensus Nigrum, un oscuro texto alquímico de 1351. Su traducción aproximada sería: "Aléjate de lo que tenga cola negra, esta es, en verdad, la belleza de la tierra.”


lunes, 19 de octubre de 2020

la verticalidad