Todo lo que podía absorber sobre la experiencia de una ceremonia mexica y todos los efectos que la psilocibina ha tenido sobre mi cuerpo fue como si se abriera una puerta hacia otro mundo, como un conocimiento especial que venía de tiempos antiguos, de la gente que vivió en la tierra que yo he pisado y que tuvieron una relación muy fuerte con la naturaleza. Parecía que por unas horas después de haber recibido la medicina y de haber realizado el temazcal, una vez limpia podía escuchar esos ecos del pasado, podía ver los cielos, las estrellas que ellos admiraban y conocían tan bien.
Como no intentar al menos filmar un docu sobre la magia de un lugar donde un hombre de tradiciones te ayuda acercarte a esos ecos y memorias del pasado. Soy testigo de que una vida distinta es posible, y distinta hasta cierto punto porque es un volver, un retorno al origen de todo, un vaciar para volver a creer en el magia de lo real.
Estos últimos dos años he vuelto a San José una y otra vez, a verlo en todas las temporadas, es un lugar que esta vivo, pareciera que la montaña respira, se cansa, duerme, despierta... las nubes le rozan la cara todo el tiempo y nosotros somos quienes disfrutamos del espectáculo natural. La magia se mantiene, pero igual el trabajo de una documentalista no es solo rascar la superficie, sino más allá. y sí, hay cuestiones complejas en un pueblo en la montaña donde todo retoña, no solo el hongo alucinógeno, y donde las leyes son una mezcla de usos, costumbres y autoridad del estado.
También es un pueblo que esta reencontrando su identidad, adaptándose al turismo y a la re configuración política. Aún así es el lugar más mágico que conozco, y Paco la persona ideal para conocerlo.
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