lunes, 10 de abril de 2017

Amo del Do al Si

Amo del Do al Si… con todo y sus bemoles. Pasa que el Si# (sostenido) es un Do y el Do b (bemol) es un Si.

Las palabras nunca serán suficientes, por eso alguna vez pensé, si quieres decir te amo, haz el amor. La ambivalencia sentimental, yugo de mi expresividad, motivo de cavilaciones, acompañante de mis letargos y de pronto, un silencio.

El silencio siempre es bueno. Es entonces cuando alejo al pensamiento y le doy cabida al sentimiento y aparece él. Le libero de la representación mental de la cual es preso y lo transfiero a ese coto de sentimientos. Ahí nos encontramos el uno frente al otro, experimentando la fuerza de aquello que compartimos y que me gusta pensar como latencia. Él catión y yo anión.

Los silencios siempre son cortos, sin embargo, se me ofrecen como el estupefaciente que me permite deslindar lo simbólico del mundo y ver (sentir) las cosas tal y como son; infinitas, dirían por ahí. Le siento cerca porque sé que me siente, pero sólo en ese coto etéreo en el que nos encontramos apostados de manera intermitente puedo palparlo sin escrúpulos y cuando el pensamiento llega para coartar ese silencio, se muestra lejos, arrinconado. Por momentos, intento deslindarme de ese bagaje socio-psíquico que no me permite lidiar con la susodicha ambivalencia. Lo correcto, lo incorrecto, lo prudente.

¿Sensatez? Lo reconozco como catión y eso me mantiene ahí, sintiéndolo.

No me gusta limitar los sentimientos, pero por ahora, sólo tengo la tregua que me ofrecen mis entrañas y que tienen como epígrafe su nombre. Se abre en silencios, veo sus ojos y conversamos.

Me gusta pensar que cuando nos vemos construimos momentos.

Momentos esos instantes en los que su iris y pupila adquieren para mí un significado que va más allá de lo fisiológico, me acogen como los intermitentes silencios. Sólo a través de esas miradas es que nos hemos de comunicar de la manera más sincera, sin decirnos nada y todo. Esa ósmosis sobrepasa a las cualidades del silencio, pues mientras que ella nos comunica, él, sólo permite comunicarme con su fantasma en mis entrañas. Los momentos son nuestros, en tanto que los silencios son sólo míos. Segundos en los que nos acariciamos con la mirada, embelesados, infinitos.

Puede que las apariencias sean más que los momentos; sin embargo, sólo hay que sujetar estos últimos. Tejamos una urdimbre con ellos, sobre la cual podamos arrojar aquello que nos corresponde.

Ve mis ojos.

Nos hemos de enrollar en aquel hilo inasible que nos une, caminar sobre nuestras palabras para hacerlas recuerdos.

No más silencios.

Recuerdos de aquello que se tiene presente, tanto que parece haber sido tan solo ayer cuando la vivencia se hace momento perenne. Se divierte conociéndome, la chica “elocuente”, enamorada del amor; apasionada de la vida, confidente de mi mente.

Me comprende, no sabe por qué. Quizás porque le he dejado entrar en aquel extraño y recóndito lugar en el que me muestro como una pequeña niña, abrumada por la realidad del mundo y la de mis pensamientos; ahí estoy, rodeada por un torbellino de sentimientos, ideas, recuerdos, añoranzas y deseos. Me contempla y se siente afortunado de estar a mi lado, en el epicentro de la vorágine.

Le gusta que podamos ver las mismas cosas y apreciarlas. En realidad no sabe a qué se debe, quizás si analizamos nuestros álbumes de fotos encontraremos alguna suerte de paralelismo entre aquella Tanilú y él. Quizás en algún punto, nuestro ojos fueron pulidos por la misma mano; mi materia gris labrada por el mismo cincel que le hizo sentir; o quizá, simplemente, nuestros sentidos se fundieron bajo la luz de una misma luna.

Pocas personas se atreven a sentir y es que en este mundo de autómatas, la pureza de nuestras fibras ha quedado relegada a un esoterismo fortuito.

Yo, aventurera, agotaré el sentido de las islas que descubra a lo largo de mi periplo. Navegaré (with acquiesce), atenta, en busca de marejadas sentimentales. Y en esos lugares conquistados seré yo la que imponga las reglas, los significados, y las convenciones. Nada corromperá esas realidades, pues serán engendradas por mí y la niña que pule mis ojos mientras duermo (Tanilú), sin reglas, ni convenciones, ni significados…

Siente, entonces, el mundo será tuyo.

Quizás cuando le cuente las historias de mi imperio triunfante, él comprenderá.

pd.
Vimos Boyhood
Fue disparo.

No hay comentarios: