María Félix en La diosa arrodillada de Roberto Gavaldón tiene unos de los diálogos más apasionantes de la historia del cine de oro mexicano:
"Tú lo has querido Antonio. Intenté alejarte, pero has anudado otra vez nuestros destinos. Ahora deberás tener valor para tu verdad, para la verdad de los dos.
Te entregas a mí o me destruyes, no hay términos medios.
Porque nuestro amor habla otro lenguaje, dice vida a la muerte, fuego al frío y al silencio palabra; debes entender este idioma con tu propia vida.
Yo también me entrego a ti o me destruyo, tampoco me concedo un término medio. Y si nos amamos, no habrá antes ni después, será como el principio del mundo…"
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