Parece
que el 2019 entró como una tormenta llena de luz y sonido pero con estrépito y
muy fugaz. Me he querido sentar a escribir el diario de viaje al desierto, a la
tierra mágica del peyote y conforme pasan los días y el ritmo del día toma
forma de calendario escolar el cotidiano arremete sin amabilidad alguna. Me
aborda una sensación de incompletud durísima cuando pienso que mientras más
pasa el tiempo menos recordaré los detalles o serán cada vez más tocados por mi
memoria. Me siento, tengo la pipa llena de Cherry Kush y me propongo terminar
este documento, palabras que queden como récord de una memoria, de un viaje con mis hermanas cósmicas (Montserratl y Azult) y
de mi cumpleaños número 30 y del inicio del 2019 con mis propias tradiciones.
Empecemos
unos meses atrás antes de mi cumpleaños, corrijo, empecemos unos años atrás
cuando se dijo que mi cumpleaños número 30 sería en París, otra gran idea que seguro tomará forma unos años más adelante, así pues que unos meses
antes del 27 de dic de 2018, tuvimos en trilogía la idea de ir en busca del
venado azul, a comer peyote en medio del desierto. La idea me pareció más que
sublime, era perfecta. El destino es loco, no es cadena y es camino por lo que
iniciamos nuestro viaje con tres juguitos y un camión Futura para nosotras solas, después
de una parada en Matehuala donde un oficial-venado nos diera las instrucciones
hacia el peyote, también pasamos por vinos, rosca, tacos de barbacoa, un
turista mexicano y sombreros, hasta que llegamos entonces a Estación Wadley, un pueblo en
medio del semidesierto de San Luis Potosí donde habitan menos de 200 personas y
comenzamos a recolectar puntos por atrapar nuestro sombrero cada que el viento
se lo quería llevar, me parece que Mon fue la ganadora. Nos quedamos en el Hostal de
Silvino, un hombre del pueblo que junto a su esposa Emma y sus tres hijas brindan
a los forajidos y forasteros un lugar para dormir con agua caliente y cocina
compartida, es un espacio de habitaciones con nombres acorde a la pintura en su
interior, así pues, que nuestra casa por unos días fue la Habitación Mágica y tenía un paisaje genial que había dibujado una chica en un viaje de peyote. Dejamos las cosas y salimos a explorar, patear ramas secas en medio de la
carretera, tomar cerveza y esperar el tren en un vagón sin usar fueron nuestros
pasatiempos en el pueblo. Nos hicimos amigas de los demás huéspedes en el
hostal y resultaron unos ciclistas de zacatecas pachequísimos y magiquísimos
(Larias, Grifien, Paco, Chumel, Mau) y dos americanos (Ben-San Diego y Reece-Texas)
que adoptaron a un mapache bebé que estaba a punto de morir atropellado.
Emma
mientras pasaban los días agarraba más confianza y nos echaba carrilla y contaba
las intimidades del lugar, al parecer Wadley ha sido el escenario de grandes
historias de amor. Entre esas historias de amor está la de Saul y Cath maestros
uno de historia y ella de arte, ellos tienen un castillo, literal, en medio del
desierto, una casa que le pertenecía a un hombre que murió por complicaciones
del riñón y que al parecer trabajaba para celebridades, uno de los rumores es
que esa casa también le perteneció a Juan Gabriel, nunca lo sabremos de cierto,
también viven con tres perritos que en nada se parecen, Tifón un Golden
cariñosísimo, Limbo un Basset Hound viejísimo y la Chiquis una especie de
chihuahua súper suavecita. Tambien frente al castillo conocimos a Chelu
de la isla, de Ibiza para ser exactos, un hombre que decidió montar un hostal
de tres pisos en la primera línea del desierto para que la gente vaya a Wadley
y también tiene planes de poner un estudio de grabación para poder hacer su
flamenco trance. Junto a él estaba Moa un hippie japonés que es dueño de una
casa en ese pueblo y quien también hace música trance. El día que
los conocimos fue en un rave de inauguración del lugar, fumamos por primera vez
Cherry Kush y Chelu nos regalaba medicina en spray 1% THC 20% CBD. Bailamos
durante el atardecer y comimos nuestra primera carne asada junto a los locales
y extranjeros. Fue un constante equilibrio de fuerzas entre la trilogía, entre
hermanas cósmicas todo fue un sueño, idea o cosa que deseábamos sucedía, estoy
segura que de quererlo con más fuerza hubiéramos ido a Xilitla y de vuelta. Aun
así agradezco que nos quedáramos en Wadley el tiempo necesario para que la
magia se reafirmara y pudiéramos realizar nuestra ceremonia de ingesta de
peyote juntas, frente a un mezquite gigante que cuida de un laguito en medio
del desierto, un oasis donde miles de cabras se acercaron hacia nuestra ofrenda
y nos acompañaron por un momento, energía necesaria para seguir nuestro camino
de guerreras. Comimos el peyote brujo que me había regalado el venado de Jerez, compartí los gajos con mis hermanas, Montse trajo miel que ayudo con lo amargo del cáctus, Blue
me ayudó a recolectar ramas para el fuego y juntas hicimos un circulo de rocas alrededor
de un árbol que parecía según Azul unos cuernos de venado J,
me encanta que cada vez más vamos afianzando nuestra cosmogonía, nuestra idea
de la magia y los rituales que son necesarios para potenciarla… y el peyote
hizo lo suyo, lenta y suavemente, nos mantuvo por un momento en silencio, en
completa calma y sueño, después nos despertó y caminamos, en el camino
encontramos a Johnny un chico que había perdido su campamento junto a su novia
Alma, así que gritamos en medio del desierto ¡Alma! ¡Alma!, él nos decía que
había una especie de pañoleta amarrada a un árbol y nos mostró un mapa que
había dibujado pero caminar cinco metros hacia dentro del desierto es no poder
ver lo que dejas detrás más que arbustos aplastados, así que no sabíamos cómo
ayudarlo, llegó entonces Raymundo en su moto, un hombre que habíamos conocido
previamente en el oasis y quien nos pareció estaba ahí por cuestiones de trabajo,
le dijo a Johnny que siguiera el alambrado y así lo hizo, le dijimos que lo
esperaríamos justo donde estábamos y que pondríamos el impermeable de Azul en
lo alto para que nos encontrará. Mientras esperábamos comimos el pastel carlota
que nos había regalado el venado de Jerez antes de comenzar el camino hacia el
desierto, fue un momento de felicidad y agradecimiento inmensurable. Agradecí
mucho haber conocido a todas estas personas que siempre nos ofrecieron ternura
y nos llenaron de regalos y buenos recuerdos. Nos acabamos ese postre y
caminamos rodeando el impermeable en busca de peyotes, Azul fue la primera en encontrarlos,
luego Montse, luego yo, cortamos ese último y lo llevamos en ofrenda al que me habían obsequiado. Llegó Johnny con la noticia de haber encontrado su campamento, y con
una mascada que había ya olvidado que le dejé para que pudiéramos verlo a la
distancia. El atardecer más hermoso, el último el año y estábamos llorando
frente a los colores majestuosos del desierto, unos naranjas sublimes. Johnny
partió cual venado corriendo y saltando feliz de su hazaña, nosotras comenzamos nuestro regreso al
castillo para la fogata de año nuevo. Todo el trayecto nos acompañó otra
querida amiga, la llamamos Camino, una perrita del pueblo que nos guió, espero,
y contagio de amor hasta que volvimos sanas y salvas, no sin antes oirnos cantarles Pink
Floyd y Shakira a las estrellas. Cuando llegamos ella había desaparecido, otro
venado, pensamos. Llegamos entonces al castillo, ya todos había bebido ponche
de peyote y comido un buen pedazo de carne, llegamos con un hambre de locas y
acabamos con una olla llena de cortes deliciosos, bebimos ponche de peyote y
vino, cantamos frente a la fogata a la melodía de la guitarra que tocaba Don
Raúl, un señor ya grande, sociólogo de profesión que lleva años en Wadley.
También vimos el primer amanecer del año, una vez más agradecí recibirlo junto
a mis hermanas cósmicas en uno de los lugares más mágicos que tenido el honor
de conocer. No pude haber pedido por un mejor viaje de cumpleaños, el día en
cuestión que se cumplió mi vuelta al sol y comenzaba otra, salimos muy
temprano a recibir el amanecer, Mon y Blue me habían convencido de llevar un
pastel y ellas habían llevado de sorpresa velas con el número 30 y corazones, adornaron el
pastel-rosca y me cantaron las mañanitas, solo quería llorar, luego llego el
venado de Jerez con una bolsa de dulces y más colegas que salieron a dar
abrazos y sonrisas. Nos contaron sobre el primer rayo de sol, que es verde y
como saludarlo, mano derecha arriba e izquierda abajo, nos contaron de sus
rodadas en peyote y que pronto harían una hacia Real de 14, en ese momento era 27 de
diciembre y todavía no sabíamos si viajaríamos a aquel pueblo mágico para el fin
de año pero los eventos que siguieron en la noche de mi cumple marcaron nuestro
destino.
Continuamos con las celebraciones después de los saludos al sol, tiramos las
cartas y me apareció La Juventud en el futuro, cosa que me pareció bastante
atinada al tema que traté con ellas que era la salud y el bienestar de la
gente que amo y el mío, estar bien para poder seguir viajando y creando lazos más fuertes de ternura y amor. Me queda claro que tengo las mejores hermanas
cósmicas que uno puede pedir y las quiero sanas fuertes anque después de eso tocó desayunar vinito, más ponche de peyote y luego una gran comida con Doña Rosita así que compensamos la malpasada. Salimos luego a esperar el tren y afianzar nuestros lazos con los
americanos, jugamos con Wadley nuestro amigo mapache bebé, fuimos a ver un
partido de fut entre locales y uno de nuestros nuevos amigos se integró, le
conseguimos una jeringa a Wadley mapache para que pudiera alimentarse y le
enseñamos a beber lechita y a comer plátano en los siguientes días juntos. Fue
una noche de whiskey también, llegamos al hostal e iniciamos la fogata, comimos
salchichas asadas, me regalaron mi peyote brujo, bailamos obviamente Pink Floyd
y toda la música que quise, fue una noche irreal donde Montse y Blue me
quebraron e hicieron que se me hinchara el corazón, me mostraron unos videos
con mensajes de las personas que amo deseándome un feliz cumpleaños y
compartiendo palabras bonitas, fue bellísimo, me leyeron las palabras de
Ignacio Agüero, una persona, cineasta que admiro y quiero muchísimo,
también me mostraron la foto de un hongo iluminado, un regalo que me esperaba
en CDMX a la vuelta. Me sentí la persona más consentida del universo y lo fui
durante todo el viaje, mi cumpleaños fue un día de mil vidas, pasó de todo. Al
día siguiente nos fuimos en el auto con los americanos hacia Real de Catorce
donde pasaríamos sin querer queriendo dos noches de magia también, la primera
noche recorrimos el pueblo, cenamos y bebimos, visitamos la cantina del pueblo,
los bares y terminamos en el café de Francesco, un italiano que terminó por invitarnos
mezcal hasta morir. El segundo día en Real fue de subir hasta el punto de la
creación del sol, del mundo, una caminata de tres horas hacia la punta del Cerro
del Quemado, uno de los centros ceremoniales de los Huicholes en San Luis
Potosí. En esa punta hay una espiral donde se realizan los rituales, días pasados
habían llevado a cabo uno y había sangre fresca sobre las rocas, me incline y
absorbí todo el aire que pudo entrar a mis pulmones, mire hacia la tierra, deje
un unicornio de ofrenda y espere a que llegaran mis hermanas, se colocaron a
mis costados y nos tomamos de las manos, lloramos por estar en ese lugar tan
especial, tan mágico, tan místico. Uno de los asistentes nos contó la historia
de Tara, la diosa de la liberación y la compasión. Una vez más habíamos logrado
una hazaña por nuestra convicción en lo que tiene el mundo de mágico, de
maravilloso. Nos quedamos un poco antes de que el sol pintara una línea de
sombra sobre los demás cerros, caminamos de vuelta cantando, antes de partir, el
mismo hombre que nos había contado la historia de esa diosa dentro de la espiral
donde nace el sol, me llamo Tara, mi corazón seguía hinchándose de amor. Fuimos
cabras y de vuelta todo era más ligero, más sencillo, comer pizza en la
banqueta mientras escuchábamos jazz en la calle fue un perfecto inicio de la
noche después de la caminata, tuve que comprar un par de pantalones, pantaletas
y calcetines y me sentía como nueva, estar en mi periodo lunar fue toda una
hazaña pero agradezco mi poder y fuerza interior, ser mujer es algo
extraordinario. En fin, fuimos hasta nuestro refugio en lo de la Señora Cata,
que la bendigan los dioses por tanta amabilidad y por una habitación tan
barata, nos cambiamos y salimos a beber en la plaza, nos vimos entre todos,
nuestros dos queridos amigos americanos y hombres del mar, vimos nuestro
mapache bebé y la vida se hacía cada vez más sencilla, más ligera más divertida
(ganando como siempre). Dormir fue sencillo después de vinos, mezcales y risas.
A la mañana siguiente partíamos de vuelta con Silvino a Wadley, Mon y yo
salimos temprano por unas últimas compras en el pueblo mágico, entre ellas un
poncho bellísimo que ahora amo y en el cual viví durante los siguientes días.
Azul por su parte durmió junto a su capitán, había encontrado amor en uno de los coleguillas americanos, Ben, un tipazo
que sabe leer el mar y la bóveda celeste para guiarse en los océanos, a real
skipper. Reece, el otro chico y padre adoptivo de Wadley fue el elemento más
extraño pero lindo del grupo, creo que todos agradecimos estar juntos para
enseñarle algunas cosas a nuestro baby mapache antes de que partiera hacia
otras geografías junto a él. Nos llevaron hasta la puerta de nuestra casa en
Wadley y partieron hacia Oaxaca. Fue una despedida emotiva entre personas que
se conectan por los viajes. Justo llegando, apareció la pandilla de ciclistas
zacatecanos, algunos ya se había ido pero otros permanecieron y nos hablaron de
rave en el pueblo, nos recibieron con esas noticias y mucha ganja para fumar.
El venado de Jerez fue nuestro aliado en este viaje para que sucedieran algunas
cosas que son puros actos de magia, entre ellos el viaje hacia los pulmones del Trópico de Cáncer donde fuimos a recolectar obsidiana y nos acostamos entre las
vías del tren para después ir a conocer el lugar donde termina el desierto y
comienza el bosque, vimos como los cactus pasan a pinos y el clima cambia
radicalmente, ahí comenzó la cuenta regresiva hacia CDMX, volver era inminente,
nuestro paraíso semidesértico nos tendrá que esperar, pero ahora que lo
encontramos vamos a regresar una y otra vez, una geografía mágica a la cual
llamar hogar así como San José del Pacífico lo es en las montañas, esta será
casa en el desierto. Mientras fumábamos Cherry Kush fuera de la terminal de
Matehuala esperando nuestro camión de regreso, prometimos volver y seguir
comiendo peyote hasta que nos hable el venado azul, es lo único que todavía no
nos conceden los dioses pero sé que tenemos que presentarnos una vez más para
que nos permitan acceder a esos misterios. Por ahora me siento afortunada por tanta magia y elegida para explorar estos paraísos con todo y sus lados obscuros. Espero no olvidarme de todo esto entre tantos pendientes y dead lines que cumplir. Me tiemblan las piernas de pensar que este año es el año en que me titulo de la maestría y me esta costando mucho trabajo confrontar ese estatus de tesista y cineasta al mismo tiempo. Me ha costado retomar un ritmo y lo cotidiano después de un sueño tan brutal como lo fue este viaje. Igualmente me siento culpable porque después de tanta abundancia tengo que hacer el trabajo y lograrlo. No quiero sentirme de nuevo poca cosa ni frustrada o deprimida por la forma en que he trabajado en mi proceso creativo y académico. Toca hacer la chamba y sacar la sonrisa. Me estaba perdiendo un poco, y es que el ansía en es un problema muy real. Te hace pensar mil y un veces en lo que deberías estar haciendo y no estás pero sabes que continuarás obsesionándote y eso no te permite avanzar right and foward sino te paraliza o aterra. No duermo bien porque estoy comiendo de pronto con ansias, sin masticar mis bocados y eso si que no lo tolero. Estoy encontrando el lugar donde puedo concentrarme y solo ponerme a escribir y ñoñear. Sé que la post de mi docu la resuelvo una vez que pueda dedicarme a full a eso creativo y si toca hacerlo a la par venga, por favor amigos que la magia se haga presente, saquen los super poderes, necesito de su ayuda para que esto pase también, la tesis nadie me la puede escribir así que en esa yo me busco la magia. El cine es un trabajo de equipo así que espero poder armar un equipo de alto vuelo para terminar el proyecto de la manera más digna y darme el tiempo para dedicarle toda mi atención e ideas para hacerlo algo interesante. Me debo a mi y a la gente que amo ver algo que haya creado con consciencia y amor, porque eso han hecho siempre conmigo. Sin miedo a ser vulnerable y compartir mis sueños y deseos. Libre, como lo fui en el desierto, como lo soy en la montaña, como Tara.





























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