No quiero bajar las ideas ahora, no quiero darles una lógica que sirva solo para categorizar, presiento que más adelante tendrá algo sentido lo que se acumula en el torso, cerca del pecho.
Me tomo la libertad de unirme a energías que transformen, que revolucionen. Que el miedo no paralicé sino encante e hipnotice.
Me pregunto cada que veo una película si contar historias es lo mejor que ha hecho el ser humano en la historia del cosmos. La manera de decirnos qué chingados nos pasó, la adicción por un clímax o por un misterio que nos ayude a sobrellevar la incertidumbre que realmente se posa sobre nosotros cagándose de la risa.
Ay no sé.
Paso un rato desde que retomé este borrador y
shiiitttt [a lo matthew mcconaughey]
No me duro mucho el gusto por el pensamiento abstracto y retomé mi infinita necedad por entenderme, sí, estaba haciéndome la idiota, pero ya estoy lista para encarar, para dar cuerpo y casa a mis dudas, para encontrar sus respuestas, o a falta de ellas encontrar un camino, un discurso que habitar para poder explicarle a mi cabeza y a ese órgano justo en el torso, cerca del pecho, que la vida da sorpresas, vengan a manera de paciencia o en ráfagas de viento.
Lo que sí es que siempre te transforman y hay que estar con la sonrisa puesta y afilada la navaja.
Ya me hablé a mi misma en voz alta y aunque no me guste la voz, me gustó el tono, fue imperativo pero tierno.
Me tomo la libertad de unirme a energías que transformen, que revolucionen. Que el miedo no paralicé sino encante e hipnotice.
Me pregunto cada que veo una película si contar historias es lo mejor que ha hecho el ser humano en la historia del cosmos. La manera de decirnos qué chingados nos pasó, la adicción por un clímax o por un misterio que nos ayude a sobrellevar la incertidumbre que realmente se posa sobre nosotros cagándose de la risa.
Ay no sé.
Paso un rato desde que retomé este borrador y
shiiitttt [a lo matthew mcconaughey]
No me duro mucho el gusto por el pensamiento abstracto y retomé mi infinita necedad por entenderme, sí, estaba haciéndome la idiota, pero ya estoy lista para encarar, para dar cuerpo y casa a mis dudas, para encontrar sus respuestas, o a falta de ellas encontrar un camino, un discurso que habitar para poder explicarle a mi cabeza y a ese órgano justo en el torso, cerca del pecho, que la vida da sorpresas, vengan a manera de paciencia o en ráfagas de viento.
Lo que sí es que siempre te transforman y hay que estar con la sonrisa puesta y afilada la navaja.
Ya me hablé a mi misma en voz alta y aunque no me guste la voz, me gustó el tono, fue imperativo pero tierno.
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