Yo no pretendo volver al punto de partida, ya no se puede tomar el mismo camino y sonreírle a las mismas edificaciones, ni a la misma gente, es inminente después de la metamorfosis y ahora que los tiempos violentos han quedado atrás encontrarme otro nombre, otro cuerpo, nueva tinta y evidentemente nuevas melodías.
Soy una pieza de ensamble, no como un mueble nuevo de aquellos de catálogo sino una pieza musical, nunca me sentí cómoda siendo instrumental, pero ahora la lírica sobra (nunca por ineficiente), pasa que ahora no me va el ritmo y la prosa, necesito notas que fluyan a través de mi, de ti y de todo; “la edad de la musicalización” “la época de los bemoles”.
Que se queden los que sepan escucharme, aquellos que no esperen el estruendo de mi voz acompañando un tema, o los gritos desgarradores de una mal intento de soprano, busco entes que en cada nota sientan la necesidad de continuar con un acorde nuevo hasta crear la rola más grande, esa que deviene de los lunáticos en mi cabeza y de otros tantos que caminan por ahí esperando que los escuchen, con el arte en el cuerpo, de Do a Si.
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